La corona de José Juan Camilo Guerra, el nuevo Rey Vallenato 2026, no solo trajo aplausos, sino también un intenso debate. En efecto, algunos sectores en redes sociales han cuestionado si su vínculo laboral con Silvestre Dangond influyó en el resultado. Ante esto, ‘Morocho’ rompió el silencio en una entrevista, defendiendo su trayectoria con una frase contundente: “Cuando perdí la última vez ya era acordeonero de Silvestre y nadie dijo nada”. Un proceso forjado desde la infancia En primer lugar, el acordeonero de 25 años aclaró que su título no es producto del azar o de influencias externas. Al contrario, Guerra recordó que su camino en el Festival de la Leyenda Vallenata ha sido largo y exitoso: Fue coronado Rey Juvenil en sus inicios. Alcanzó el título de Rey Aficionado. Ha competido en la categoría profesional durante varias temporadas. Por consiguiente, el artista (quien además es abogado) comunicó: «Decir que no tengo experiencia festivalera es ignorancia. La gente siempre va a hablar”. La ventaja de «calentar» el escenario Por otro lado, ‘Morocho’ admitió que su trabajo con Silvestre Dangond sí le dio una ventaja, pero de carácter emocional y escénico. De hecho, haber tocado las dos noches anteriores frente a 40,000 personas en el Parque de la Leyenda le permitió manejar la presión de la gran final con una calma superior a la de sus competidores. “Ya conocía la presión, no era nada nuevo”, confesó el monarca, asegurando que esa seguridad fue clave para dominar los cuatro aires vallenatos ante el jurado. En conclusión, mientras la polémica continúa en redes, José Juan Camilo Guerra se prepara para un año de representación cultural. Finalmente, su reto será demostrar que su acordeón tiene voz propia y que su corona es el resultado de un proceso que comenzó desde que era un niño. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Vallenatisimo (@vallenatisimocol) Navegación de entradas Telecaribe anuncia acciones legales por presunta retransmisión no autorizada del Festival Vallenato 2026 Festival Vallenato 2026: Luces, sombras y el ‘oso’ del río