La salud de Nafer Durán mantiene en vilo al mundo vallenato. El acordeonero, compositor y Rey Vallenato de 1976 permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica Alta Complejidad de Valledupar, donde recibe atención especializada por complicaciones cardíacas. Mientras su familia espera una evolución favorable, colegas, músicos y seguidores acompañan con oraciones a uno de los últimos grandes juglares del folclor colombiano. La salud de Nafer Durán reúne al folclor La noticia sobre el estado del maestro fue confirmada por su hijo, el compositor Luis Durán Escorcia. Según la información conocida sobre su hospitalización, el artista ingresó a un centro asistencial el pasado 5 de julio después de presentar dificultades relacionadas con su corazón. Posteriormente, fue trasladado para recibir un tratamiento de mayor complejidad. “Gracias a los directivos de la Clínica Alta Complejidad, mi padre está en UCI recibiendo atención médica especializada”, expresó Luis Durán Escorcia al confirmar que su padre ya contaba con el cupo requerido para permanecer bajo monitoreo permanente. La familia no ha divulgado nuevos detalles sobre su evolución. Al cierre de esta publicación, la clínica tampoco había emitido un parte médico oficial. Por esa razón, la información conocida procede del entorno familiar y de los reportes difundidos desde Valledupar. Una espera acompañada por afecto y oraciones Las noticias sobre Naferito no han pasado inadvertidas. Su nombre representa una época en la que el acordeón viajaba por caminos polvorientos, patios campesinos y pueblos ribereños, antes de conquistar las grandes tarimas y convertirse en símbolo nacional. Náfer Durán construyó una extensa trayectoria como acordeonero, cantante, compositor y verseador del vallenato tradicional. Por eso, su ingreso a cuidados intensivos no se recibe únicamente como una noticia médica. Para numerosos seguidores se trata de la preocupación por un hombre que conserva en su memoria parte de la historia oral y musical del Caribe colombiano. Nafer Durán, una memoria viva del vallenato A sus 93 años, Náfer Santiago Durán Díaz permanece como uno de los referentes esenciales del vallenato tradicional. Es acordeonero, cantante, compositor y verseador, además de integrante de una dinastía encabezada por su hermano Alejandro Durán, primer Rey Vallenato de la historia. Una crónica publicada por Vallenatísimo lo describió como una verdadera memoria viva: un puente entre la antigua juglaría, que recorría pueblos con el acordeón al hombro, y la profesionalización que el género alcanzó alrededor del Festival de la Leyenda Vallenata. Su repertorio incluye más de 80 composiciones. Entre las más recordadas aparecen ‘Sin ti’, ‘Déjala vení’, ‘El estanquillo’, ‘Mi patria chica’, ‘La invitación’ y ‘Pobre negro’. Sus obras conservan la sencillez narrativa de la provincia, pero también la profundidad sentimental que convirtió al vallenato en una forma de contar la vida. La corona que cambió su historia Nafer Durán conquistó la corona profesional del Festival de la Leyenda Vallenata en 1976. Ese mismo año grabó con Diomedes Díaz el álbum Herencia Vallenata, una producción de 12 canciones que se convirtió en el primer trabajo discográfico del cantante guajiro. El álbum puede escucharse actualmente en Spotify. En aquella producción quedaron registradas canciones de su autoría como ‘Teresita’, ‘La invitación’ y ‘Pobre negro’. La unión entre el acordeón sobrio de Naferito y la joven voz de Diomedes marcó un capítulo fundamental para la música vallenata. Siete años después, el maestro volvió a competir por la corona. Sin embargo, el jurado lo declaró fuera de concurso, una distinción que reconocía que su nivel artístico no tenía contendores. Esa historia también forma parte del recorrido de los acordeoneros que fueron declarados fuera de concurso en el Festival Vallenato. El acordeón que acompaña sus latidos La relación de Nafer Durán con su instrumento supera el oficio musical. En enero de 2026, el maestro contó a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata que no podía “pensionar” su acordeón porque llevarlo sobre el pecho alimentaba los latidos de su corazón. Esa imagen resume buena parte de su vida: un hombre abrazado al instrumento con el que convirtió amores, despedidas, paisajes y recuerdos familiares en canciones. Su obra pertenece al patrimonio sentimental de varias generaciones y sigue presente en concursos, parrandas y grabaciones. La hospitalización del maestro también revive una reflexión necesaria: los grandes juglares deben recibir atención, reconocimiento y acompañamiento mientras pueden escuchar los aplausos. Hoy, más allá de premios y homenajes, el folclor espera que Naferito pueda superar este momento y regresar al entorno de su familia. Navegación de entradas Bionovela de Omar Geles sigue en duda; documental avanza