
Para un músico vallenato, llenar el Parque de la Leyenda Vallenata Consuelo Araujo
Noguera no es simplemente un éxito de taquilla; es el equivalente a recibir el título de
nobleza. Con una capacidad que oscila entre los 22.000 y 40.000 espectadores, este coloso
de concreto y acero a orillas del río Guatapurí es el juez supremo del género. «Si no coronas
el Parque, no existes», es el adagio que recorre los pasillos de la industria.
Sin embargo, detrás de las luces y la ovación, este escenario enfrenta una paradoja
existencial que define el futuro cultural de Valledupar: ¿Cómo evitar que el templo de la
música pase 360 días al año convertido en un gigante dormido?
El Escenario de la Consagración
Para artistas de la talla de Silvestre Dangond, Peter Manjarrés o las nuevas figuras
emergentes, el Parque es el kilómetro final de una carrera de resistencia. Lanzar un
álbum aquí es una declaración de poder. El reciente «Festival Silvestrista», por ejemplo,
demostró el músculo financiero del recinto, proyectando un impacto económico superior a
los 61.000 millones de pesos y generando miles de empleos temporales.
Desde una perspectiva positiva, el Parque ha trascendido su función de tarima para
convertirse en un lugar de peregrinación. Las estatuas de leyendas como Diomedes Díaz y
Jorge Oñate son imanes turísticos que operan incluso cuando los micrófonos están
apagados, creando una narrativa visual que conecta al visitante con la historia del folclor.
La Crítica: El «Elefante Blanco» Estacional
No obstante, el brillo de los grandes lanzamientos no puede ocultar las sombras
administrativas. Durante años, la crítica local e internacional ha señalado el subuso de esta
megaestructura.
Silencio Costoso: Es económicamente insostenible tener una infraestructura de 23
hectáreas operando a máxima capacidad solo una semana al año. La falta de una
agenda permanente ha llevado a que, en el pasado, el recinto sufriera deterioro y
«olvido estatal» durante los meses muertos.
El Limbo Jurídico: La larga disputa legal sobre la propiedad del parque —que
finalmente retornó al municipio tras un fallo del Consejo de Estado— frenó durante
años inversiones que podrían haberlo transformado en un complejo turístico integral
con museos y zonas comerciales activas todo el año.
Elitización: Existe una preocupación creciente sobre si el Parque sigue siendo el
«patio del pueblo». El alto costo de la boletería para los grandes eventos ha
generado debates sobre si la fiesta se está alejando de las bases populares que
crearon el vallenato.
Señales de Cambio: Diciembre de 2025
Afortunadamente, el cierre de 2025 muestra señales de que la lección está siendo
aprendida. La realización de eventos como el Festival Vallenato Nuevas Promesas en este
mes de diciembre, con entrada gratuita y apoyo gubernamental, sugiere un cambio de
timón.
La estrategia parece clara: democratizar el acceso al templo. Abrir las puertas a nuevos
talentos y no solo a las superestrellas consagradas es vital para que el Parque deje de ser un
mausoleo de glorias pasadas y se convierta en una incubadora de futuro.
Conclusión
El Parque de la Leyenda Vallenata es mucho más que una tarima; es el corazón palpitante
de una industria millonaria. Para los artistas, es la meta. Para la ciudad, el reto es lograr que
este corazón lata con fuerza todos los meses, y no solo sufra taquicardias de éxito una vez
al año.








