Cada 20 de febrero el vallenato recuerda al juglar Leandro Díaz en su natalicio. Y entre las muchas historias que rodean su legado, hay una que resume su carácter y su forma única de convertir el dolor en canción. Se trata de ‘La Gordita’, tema que no nació como un reclamo, sino como la respuesta elegante de un hombre herido. Más que un paseo alegre, la canción fue la transformación de un desengaño amoroso en arte. Leandro, conocido por su temple firme y su manera estoica de asumir el amor, no era hombre de escenas ni reproches públicos. Él prefería guardar silencio… y componer. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Shelymar Riquett Regino (@shelymarrr) Todo comenzó en Barrancas, durante las tradicionales fiestas de octubre. Allí conoció a Idalmis, la mujer que lo cautivó profundamente y a quien visitaba con frecuencia desde San Diego, con el visto bueno de su familia. Sin embargo, los compromisos musicales lo mantuvieron alejado durante ocho meses. Cuando regresó, lleno de ilusión, recibió una noticia inesperada: su amor había tomado otro rumbo. Lee también: A los 98 años de su natalicio, Leandro Díaz sigue cantándole a la vida desde la eternidad Sereno, aunque con una punzada en el pecho, pronunció una frase que resumía su filosofía de vida: “En asunto de mujeres no hay nada escrito”. Y en lugar de reclamar, se marchó silbando una melodía que, antes de llegar a Fonseca, ya tenía forma definitiva. Así nació “La Gordita”: no como reproche, sino como testimonio. Una canción que convirtió el desengaño en historia y el dolor en legado vallenato. ‘La Gordita’ fue grabada por Jorge Oñate y Juancho Rois en el álbum ‘Paisaje de Sol’. Sobre Leandro Díaz Leandro José Díaz Duarte nació el 20 de febrero de 1928 en Hatonuevo, La Guajira. Aunque llegó al mundo sin vista, desarrolló una sensibilidad excepcional que le permitió “ver” a través de la palabra y la música. Desde niño alimentó su imaginación escuchando relatos y pidiendo a familiares y amigos que le leyeran historias, ejercicio que fortaleció su memoria y su capacidad descriptiva, cualidades que más adelante lo distinguirían como uno de los compositores más poéticos del vallenato. En su juventud tuvo contacto con juglares como Emiliano Zuleta, Lorenzo Morales y Chico Bolaño, influencias que marcaron su camino artístico. A los 17 años compuso “La loba de ceniza”, y en 1955 el acordeonero Luis Enrique Martínez llevó al disco por primera vez una de sus obras, “A mí no me consuela nadie”. Con el tiempo consolidó un repertorio imprescindible con canciones como “Esperanza perdida”, “La gordita”, “El cardón guajiro”, “El negativo”, “Preciosa mujer” y muchas otras que hoy hacen parte del cancionero tradicional. Fue declarado Rey Vitalicio del Festival de la Leyenda Vallenata y es recordado como uno de los mejores compositores del folclor vallenato. POR: SHELLYMAR RIQUETT/VALLENATISIMO. Navegación de entradas Las noches en que Diomedes Díaz, Jorge Oñate y el Binomio de Oro hicieron historia y desataron polémica en el Festival de Orquestas