El vallenato vuelve la mirada este 15 de abril hacia una de sus figuras más decisivas. A 90 años del nacimiento de Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, el folclor colombiano recuerda a un acordeonero que no solo conquistó títulos y grabó clásicos inolvidables, sino que ayudó a definir la manera en que debía sonar el vallenato auténtico. Colacho Mendoza representa una escuela de interpretación que impone limpieza, equilibrio y un respeto absoluto por los cuatro aires tradicionales. Su nombre sigue apareciendo como referencia obligada cada vez que se discute sobre los grandes maestros del acordeón, porque su legado no quedó atrapado en una época, sino que continúa guiando a nuevas generaciones que buscan tocar sin traicionar la raíz del género. El legado musical a 90 años de Colacho Mendoza Nacido en 1936 en Caracolí, en zona rural de San Juan del Cesar, La Guajira, Colacho se formó como los viejos juglares: escuchando, observando y tocando en parrandas. Ese aprendizaje empírico le permitió desarrollar un estilo sobrio y preciso, alejado de excesos, que con el tiempo lo convertiría en una de las figuras más respetadas del vallenato tradicional. Su consolidación llegó en Valledupar, ciudad donde encontró el escenario ideal para proyectar su talento. En 1969 se coronó como el segundo Rey Vallenato de la historia, después de Alejo Durán. Años más tarde, en 1987, reafirmó su grandeza al convertirse en el primer Rey de Reyes del Festival de la Leyenda Vallenata, un reconocimiento reservado para quienes dominan con solvencia el paseo, el merengue, el son y la puya. El primer Rey de Reyes y su huella con Diomedes Díaz La huella de Colacho también quedó estampada en varias de las canciones más recordadas del vallenato. Su acordeón acompañó grabaciones inmortales junto a Diomedes Díaz, como Mi muchacho, Bonita y Mensaje de Navidad, además de temas con Jorge Oñate como Ausencia. En cada uno de esos trabajos, su interpretación sostuvo la canción con una elegancia que el mundo del vallenato aún admira, evitando siempre invadir la melodía. Su grandeza fue reconocida incluso fuera del ámbito musical. Gabriel García Márquez lo admiró por su capacidad para interpretar a Rafael Escalona y lo señaló como uno de los más altos exponentes de ese repertorio. Ese reconocimiento confirmó que Colacho no era solo un gran acordeonero, sino también un símbolo cultural de Colombia. Colacho Mendoza falleció el 27 de septiembre de 2003 en Valledupar, pero su sonido permanece intacto en la memoria del vallenato. Noventa años después de su nacimiento, su nombre sigue siendo sinónimo de autenticidad, maestría y fidelidad a una tradición que en sus manos encontró una de sus formas más puras. Navegación de entradas El Turco Gil: el formador silencioso detrás de la mayoría de reyes del vallenato Fundación Cocha Molina apuesta por nuevos talentos con 30 becas musicales en Valledupar