
POR: REDACCIÓN VALLENATISIMO.
Hace 30 años, el artesano Jairo Alberto Trillos nunca se imaginó que su vida estaría rodeada de madera, parches de radiografías, cueros procesados y piezas metálicas que utiliza para fabricar uno de los instrumentos que conforman la trilogía vallenata, el encargado de marcar el ritmo, la velocidad y el tiempo en una canción: la caja.
Todo surgió en Valledupar cuando su hijo Jairo, quien incursionó en la música, necesitaba con urgencia el reemplazo de un parche para una presentación. No encontró quién le arreglara el instrumento y su padre decidió hacerlo él mismo: “Él me dijo que le había quedado mejor que como se la ponían antes”, recordó.
Al poco tiempo, un amigo de su hijo, integrante de la Policía Nacional, le pidió cambiar el parche a unos bongós, obteniendo el mismo resultado y sorprendiendo una vez más con su dedicación y perfeccionismo al hacer este trabajo. “Me dijo lo mismo que mi hijo. Ahí empecé a fabricar cajas y hoy en día todo el mundo me conoce por este arte”, afirmó.
Protagonista silencioso en el Festival Vallenato
Desde entonces, Jairo acondicionó un taller improvisado en su vivienda, ubicada en el barrio Garupal de Valledupar. Con el paso de los años, ese espacio se convirtió en punto de referencia para percusionistas de la región y de otros departamentos, gracias al voz a voz que respalda la calidad de su trabajo.
En época del Festival de la Leyenda Vallenata, su oficio adquiere un valor especial. Durante esos días fabrica entre ocho y diez cajas nuevas y reemplaza el parche de al menos 100 instrumentos pertenecientes a músicos del Cesar, La Guajira, Magdalena y otras regiones del país.
“Para la época del Festival Vallenato pongo alrededor de 100 cueros y vivo poniendo parches; es raro el día que no ponga uno. En los festivales me ha ido bien, siempre el trabajo ha estado presente”, cuenta.
Entre sus clientes figuran músicos reconocidos del folclor vallenato como Adelmo ‘Memo’ Granados; José Lester, cajero de Elder Dayán; Tito Castilla; Cayo Bemba; cajero de Churo Díaz, y Nando Gaviria, cajero de Óscar Gamarra, quienes confían en él y lo buscan con semanas de anticipación para dejar sus instrumentos en sus manos.
“Desde la mañana estoy pegado en las máquinas y aquí hacen fila, se juntan hasta 10-15 personas esperando que yo les ponga los cueros. A veces llegan a las 7 de la noche porque vienen de otras ciudades y yo le pongo los cueros, cuando ya se me acaban me voy a gozar mi festival”, relató.
El arte de fabricar una caja vallenata
El proceso de fabricación de la caja vallenata es completamente artesanal y exige tiempo, paciencia y precisión. Jairo Trillos selecciona cuidadosamente el trozo de madera de árboles como el mango manzana, cañaguate y ceiba blanca, lo tornea y lo deja secar durante un mes. El herraje lo elabora con acero, hierro y platina, un trabajo que puede tardar hasta dos días. Los tornillos también los fabrica él mismo y los hace enterizos para una mayor firmeza.
Los parches pueden ser de radiografía o de cuero procesado, que compra en Bogotá. Las medidas en su taller son estandarizadas: 28,5 centímetros de ancho, 18 centímetros de circunferencia inferior y 30 centímetros de largo.
“Yo consigo el trozo de palo, lo torneo y lo dejo secar un mes porque si lo armo antes, la madera se chupa y queda el aro ancho. Para hacer el herraje me demoro dos días y los tornillos los hago yo mismo, además, de los otros secretos de la caja que no puedo contar”, explicó Jairo Trillos.
El artesano, considerado por los percusionistas de Valledupar como el ‘Papá de las parches’, mencionó que el interior de las cajas no las pule ni les aplica brillo porque “pierden el sonido”.
Más que un instrumento, una pasión
Para Jairo Alberto Trillos, la caja es más que un instrumento. “Yo le cogí un amor a esto que para mí lo es todo, es lo máximo”, confesó. Señaló que no trabaja únicamente por el dinero, sino que lo hace por “amor al arte”.
“Yo no lo hago para vivir de esto, lo hago porque me gusta y para mí es lo máximo. Una vez mi hijo estaba enseñando a un gringo sobre la guacharaca y la caja, que es músico, y le decía que el instrumento más difícil de tocar era la caja”, contó.
Recordó con orgullo una anécdota familiar. Una vez, su hijo le explicaba a un músico extranjero los secretos del vallenato y le decía que el instrumento más difícil de tocar era la caja. Jairo sonríe al recordarlo: para él, ese respeto resume la importancia del instrumento que ha acompañado toda su vida.
En temporada de festival, su figura cobra protagonismo en la plaza Alfonso López. Allí, cajeros profesionales y jóvenes semilleros lo reconocen como maestro y le piden que les afine sus instrumentos.
“Una vez ‘Cayo bemba’ estaba ensayando con la caja y no le quería afinar. Me llamó y le afiné la caja. Todo eso me gusta”.
Gran semillero vallenato
Conocedor de la música vallenata, afirmó que en la música vallenata hay un gran semillero de cajeros y elogió el legado de Rodolfo Castilla, Pablo López, Jairo Suárez, entre otros percusionistas que ha parido el folclor vallenato y que han elevado esta profesión a lo más alto.
Hoy, entre herrajes, maderas y parches, Jairo Alberto Trillos continúa ejerciendo su labor en silencio, lejos de la tarima, pero cerca del corazón del vallenato. Su mayor logro no se mide en ventas ni en premios, sino en el respeto ganado con los años.
“Lo que más he logrado con este oficio es que todo el mundo me conoce como artesano y donde me ven los niños le dicen a la mamá: ‘Mira, ahí va el maestro’”, dijo emocionado, al reconocer que ese es su mayor logro.








